¿Perros que lloran? Descubre la verdad tras sus lágrimas y gemidos

Pilar Benavídez

Pilar Benavídez

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4 de mayo de 2026

Un caniche negro con pelo rizado mira con ojos tristes. A veces, los perros lloran.

La duda sobre si los perros lloran de verdad tiene sentido, porque en ellos se mezclan lágrimas, quejidos y conductas de apego. Yo suelo separar emoción, vocalización y salud ocular, ya que cada una exige una respuesta distinta. Aquí verás qué dice la evidencia, cómo interpretar su comportamiento y cuándo conviene pedir una revisión veterinaria.

Lo esencial para entender las lágrimas y el llanto en un perro

  • No todo ojo húmedo es tristeza. Los perros producen lágrimas para lubricar y proteger el ojo, y el lagrimeo persistente suele apuntar antes a una causa física que emocional.
  • La vocalización sí comunica. Gemidos, quejidos y aullidos suelen expresar demanda, ansiedad, excitación o dolor.
  • La ciencia ha visto un aumento de lágrima con el reencuentro. Eso sugiere una respuesta emocional real, pero no equivale al llanto humano.
  • Si hay ojo rojo, legañas espesas o cierre del párpado, hay que revisar. Ahí pienso primero en epífora, inflamación o sequedad ocular.
  • La educación ayuda mucho. Observar el contexto y no reforzar el quejido evita confundir una petición con un problema de conducta.

Qué significa realmente que un perro llore

Lo primero es no mezclar dos planos. Un perro puede tener lágrimas por una función normal del ojo, por irritación o por un problema de drenaje, y también puede emitir gemidos, chillidos o aullidos para comunicarse. A eso último muchos cuidadores le llaman llanto, pero desde el punto de vista del comportamiento hablamos de vocalización, no de una lágrima emocional al estilo humano.

Yo no usaría la lágrima como prueba de pena. En consulta, cuando alguien me dice que su perro “llora”, casi siempre le pido que describa si hay humedad en el lagrimal, si el ojo está rojo, si se rasca o si lo que oye es un quejido al pedir comida, contacto o salida. Esa diferencia importa porque cambia por completo la interpretación del gesto. Y justo por eso merece la pena mirar lo que sí sabemos sobre la emoción canina.

Lo que la ciencia sí ha observado

La parte interesante es que la emoción puede influir en el lagrimeo. Un estudio publicado en Current Biology observó que, tras el reencuentro con su tutor, algunos perros aumentaban el volumen de lágrima, y que la oxitocina parecía participar en ese cambio. Eso encaja con la idea de que el vínculo social activa respuestas fisiológicas reales, no solo una lectura romántica del comportamiento.

Aun así, yo sería prudente con la conclusión. Que un perro lagrimee más en un reencuentro no significa que esté llorando como una persona triste; significa que su cuerpo responde a la emoción, a la activación y al apego. La diferencia es importante, porque evita antropomorfizar lo que quizá es una reacción biológica más amplia. Con esa base, la pregunta útil pasa a ser otra: cómo distinguir lo emocional de un problema ocular.

Primer plano del ojo de un perro con legañas. A veces, los perros lloran por dolor o tristeza.

Cómo distinguir una emoción puntual de un problema ocular

Cuando hay lágrimas visibles, yo miro tres cosas: frecuencia, lado afectado y aspecto de la secreción. Según el Merck Veterinary Manual, el lagrimeo excesivo puede venir de una obstrucción del conducto nasolagrimal, de un cuerpo extraño, de una infección o de ojo seco. Es decir, la causa casi nunca es sentimental, y muchas veces tiene una explicación mecánica o inflamatoria muy concreta.
Señal Lo que suele sugerir Qué más suele verse Qué haría yo
Ojos húmedos tras una situación intensa Respuesta puntual al estímulo emocional Busca contacto, se calma rápido, no hay dolor visible Observar si se repite y valorar el contexto
Lagrimeo continuo o en un solo ojo Epífora, cuerpo extraño u obstrucción del drenaje Parpadeo frecuente, se frota, enrojecimiento Revisión veterinaria
Secreción espesa amarilla o verdosa Inflamación o infección Ojo pegado, molestia, legañas abundantes Cita pronta
Ojo seco con legaña espesa Producción lagrimal insuficiente Córnea apagada, irritación, sensibilidad a la luz Veterinario cuanto antes

Hay dos cuadros que yo no pasaría por alto: el ojo seco, que provoca una producción insuficiente de lágrima, y el cherry eye, cuando prolapsa la glándula del tercer párpado. Ambos pueden alterar mucho el aspecto del ojo y confundirse con un simple “lloro”, pero son problemas clínicos que necesitan evaluación. Si el lagrimeo aparece junto con dolor, ojo cerrado o cambio visible en la superficie ocular, ya no estamos ante una emoción pasajera. Y de ahí viene el siguiente punto, porque el quejido sonoro también se malinterpreta con facilidad.

Qué hacer cuando gime, se queja o pide atención

El llanto vocal en perros suele ser comunicación. La ASPCA lo resume bien: muchos perros gimen cuando buscan atención, están excitados, sienten ansiedad o intentan apaciguar a alguien. Yo añadiría otra causa que conviene no perder de vista, el dolor. Cuando un perro cambia de tono de golpe, no me interesa tanto si “llora mucho” como si lo hace en un contexto nuevo, con más jadeo, rigidez, evitación o apatía.

Mi forma de actuar es bastante simple:

  1. Observo cuándo pasa, con quién pasa y qué lo dispara, como despedidas, comida, juego o ruido.
  2. Miro el cuerpo, no solo el sonido: cola, orejas, postura, lamido de labios, jadeo o temblores.
  3. Si parece una petición aprendida, no premio el quejido; premio el silencio breve y la calma.
  4. Si hay ansiedad por separación, trabajo exposición gradual, rutina y enriquecimiento ambiental, no castigo.
  5. Si el quejido aparece de golpe o se acompaña de dolor, priorizo la revisión veterinaria.

En educación canina esto marca una diferencia enorme. Un perro que ha aprendido que gime y consigue atención repetirá esa estrategia; un perro que gime por miedo o malestar necesita otra lectura, más lenta y más clínica. Y antes de cerrar, dejo las señales que a mí me harían actuar sin esperar.

Las señales que me harían pedir revisión sin esperar

No todas las lágrimas necesitan urgencia, pero sí hay combinaciones que me preocupan. Si el perro mantiene un ojo cerrado, presenta secreción amarilla o verdosa, tiene la córnea opaca, se frota con la pata o el lagrimeo apareció tras un golpe, yo no lo dejaría para ver si se pasa. Tampoco normalizaría un cambio brusco de conducta que venga acompañado de ojos raros o de un quejido nuevo.
  • Ojo rojo, cerrado o claramente doloroso.
  • Secreción espesa o de color amarillo verdoso.
  • Lagrimeo constante en un solo ojo.
  • Córnea opaca, blanquecina o con aspecto apagado.
  • Quejido nuevo junto con apatía, falta de apetito o miedo a moverse.

En casa, lo más útil es observar sin dramatizar: anotar cuándo ocurre, qué lo dispara y si hay signos oculares. Yo prefiero esa mirada doble, conducta más ojo, porque evita confundir un gesto de apego con una enfermedad y, al mismo tiempo, impide normalizar un problema que necesita tratamiento.

Preguntas frecuentes

No exactamente. Aunque un estudio mostró que los perros pueden aumentar el lagrimeo al reencontrarse con sus dueños, esto es más una respuesta fisiológica al apego que una expresión de tristeza como el llanto humano. Las lágrimas suelen indicar causas físicas.
El lagrimeo persistente (epífora) suele ser un signo de problemas oculares como obstrucción del conducto lagrimal, irritación, infección o incluso ojo seco. Es importante consultar a un veterinario para descartar causas médicas.
Los gemidos y quejidos son formas de comunicación. Pueden indicar búsqueda de atención, excitación, ansiedad, dolor o incluso un comportamiento aprendido. Observa el contexto y el lenguaje corporal para entender la causa.
Consulta al veterinario si el lagrimeo es constante, en un solo ojo, con secreción espesa, si el ojo está rojo o cerrado, o si el quejido es repentino, intenso o acompañado de otros signos de dolor o malestar.

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Autor Pilar Benavídez
Pilar Benavídez
Nací como Pilar Benavídez y desde hace 10 años me dedico a la salud, nutrición y bienestar animal. Mi pasión por los animales comenzó en mi infancia, cuando pasaba horas observando a mis mascotas y aprendiendo sobre sus necesidades. A lo largo de los años, he profundizado en este campo, buscando siempre la mejor manera de cuidar y entender a nuestros amigos peludos. En mis artículos, trato de abordar temas que considero cruciales para el bienestar de los animales, como la importancia de una alimentación adecuada y la prevención de enfermedades. Me interesa especialmente ayudar a los dueños a comprender las señales que sus mascotas les envían y cómo pueden mejorar su calidad de vida. Espero que mis escritos sean una fuente de información útil y accesible para todos aquellos que comparten mi amor por los animales.

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